La Copa II

Lo prometido es deuda. Ordené mi copa menstrual, la probé y les voy a contar mi experiencia para ver si se animan a usarla.

copa

Bueno, me llegó por correo y saqué del paquete una pequeña copa de silicona. La pedí de color azul porque es mi favorito. Esperé con ansia mi periodo (lo que nunca) para poder probarla. Leí las instrucciones una y otra vez y vi todos los videos en internet para entender como carambas ponérmela. Parecía una tarea muy complicada.
Me metí al baño con la copa y dispuesta a pasar horas ahí adentro hasta completar la misión. La buena noticia es que después de 10 minutos estaba afuera con la copa perfectamente colocada dentro de mí. Debo ser honesta. Es más complicado que ponerse un tampón. Digamos que tienen que estar familiarizadas con su cuerpo y estar dispuestas a hurgar por lugares recónditos. Pero, ¡es su cuerpo! Deben conocerlo y adorarlo.
Una vez que está adentro, ni la sientes. Es como si no estuvieras en tus días. Es muy cómoda y no se escurre ni una gota. A mí hasta se me olvidó que tenía mi periodo. Además la puedes traer más tiempo que un tampón. Yo me la cambiaba en la noche y en la mañana y todo el día estaba perfecta. Enserio, queridas, como si nada.
Quitársela es mucho más fácil que ponérsela. Simplemente tienes que pujar un poquito, romper con un dedo el vacío, jalar sin fuerza y la copa sale facilmente. Es un método un poco diferente y raro, pero vamos chicas, no es algo completamente asqueroso. Es símbolo de fertilidad y poder femenino. Yo me sentí como una sacerdotisa de una religión pagana, sosteniendo un cáliz con sangre que representa la fertilidad. Me dio un ataque de risa frente al espejo. Las invito a hacer las paces con su cuerpo y sentirse orgullosas de ser mujer.
Cuando retiras la copa,  tiras su contenido, la lavas y la vuelves a introducir sin mayor problema. Cuando tu periodo termina debes hervir la copa unos minutos y guardarla para el siguiente mes.
La verdad, yo no volveré ni a las toallas ni a los tampones. Recomiendo ampliamente la copa. Atrévanse a usarla y compartan con las lectoras de este blog su experiencia.
Igualmente, si tienen alguna pregunta en específico acerca de la copa y su uso estaré feliz de responderla.
Saludos, queridas.

junio 24, 2013. Etiquetas: , . Consejos prácticos. Deja un comentario.

La Copa

Queridas, ¿han escuchado acerca de la copa menstrual? Yo no conocía este producto hasta ayer que una amiga me contó que la usa. Podría ser una alternativa interesante para aliviar los problemas relacionados con esos días. A mí en lo personal, los tampones y las toallas me incomodan mucho. Sobre todo las toallas. A la hora de hacer ejercicio o usar pantalones muy pegados no son una buena opción. Mi problema con los tampones es que a veces gotean, pueden provocar infecciones y bueno, un hilito ahí colgando no es lo más higiénico. Además, yo soy una esposa imperfecta, pero soy una esposa verde. Me preocupa el ambiente y si hiciera la cuenta de cuanta basura generamos en esos días, seguro me asustaría.

Al principio, cuando me contó qué era la copa menstrual lo consideré grotesco. No me interesa usar algo así, pensé.  Sin embargo,  hoy desperté con la curiosidad. Me puse a investigar y no me pareció tan mala idea. Al contrario, creo que podría funcionar para mí y para muchas de nosotras. Así que estoy decidida a comprarme una y probarla. Si quieren, cuando la compre y la pruebe les cuento cómo me fue  y si la recomiendo o no. Si alguna de ustedes las usa, por favor, comparta su experiencia.

Mientras les dejo un video  que explica mejor el producto.

marzo 27, 2013. Etiquetas: , . Consejos prácticos. Deja un comentario.

20 cosas para ser una esposa feliz en otoño

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Queridas, estamos casi al final del otoño. Se avecina un frío invierno. La temperatura, a partir de ahora, comenzará a bajar. Esto es sólo el principio. Las fiestas decembrinas también se acercan. A mí, la verdad, me entristecen los días fríos y nublados. El final del año me amenaza con la inevitable enfermedad del pavo: una ligera depresión. Este año no quiero que me suceda. Quiero disfrutar cada momento. Pensar en las cosas que logré y lo que es maravilloso en mi vida. Por eso, les comparto algunas cosas que pueden hacer para vencer la melancolía  del otoño y prepararse para el final del año:

1. Desayuna un pan con chocolate acompañado de un café bien calientito.

2. Pon música tropical a todo volumen para arreglar la casa. Yo pondría un poco de cumbia.

3. Cocina para la cena algo como cordero o pollo asado al horno y acompáñalo con papas.

4. Date un baño laaaaargo al medio día.

5. Ve una película romántica.

6. Mira la lluvia por la ventana. Si no puedes contra el enemigo, únetele.

7. Empieza a tejer bufandas para tu familia y amigos (Aprende a tejer si no sabes).

8. Vete de compras para el invierno. Seguro necesitarás algunas prendas.

9. Toma mucho té durante el día. Te recomiendo el Té rojo por sus propiedades antioxidantes.

10. Lee un pedacito de una novela romántica o un poema en tu lugar favorito de la casa.

11. Vístete como una elegante reina del otoño y sal a caminar. ¿Qué tal un fabuloso abrigo y unas botas a la rodilla? Sentirse hermosa ayuda a levantar hasta el ánimo más decaído.

12 Pisa todas las hojas secas que puedas.

13. Contesta todos aquellos correos electrónicos pendientes.

14. Invita amigas a la casa para jugar cartas, rummie o dominó cubano.

15. Llama a tu madre.

16. Haz ejercicio. Se avecina la época de la comedera y hay que estar preparadas.

17. Tómate un café con una amiga y procura reírte mucho.

18. Hornea galletas, pasteles o cupcakes. Tu esposo te lo agradecerá.

19. Cuando llegue tu marido de la oficina, cenen con velas y una copa de vino tinto.

20. Acurrúcate con tu esposo en una cama caliente. Abrázalo bajo el edredón. Entrelaza tus piernas con las suyas. Siente su calor. Agradece al universo por ese momento.

¿A alguien se le ocurre algo más?

noviembre 14, 2012. Etiquetas: , , , . Consejos prácticos. Deja un comentario.

El conflicto del bosque noruego

Como ya saben soy una recién casada. Todavía no cumplo un año en este estado bizarro. Ayer discutí ligeramente con mi nuevo esposo y quiero compartir con ustedes la situación.
Hace tres años, cuando éramos un par de novios acaramelados, fuimos a un viaje a Noruega con uno de sus mejores amigos. No fue un viaje tranquilo en alguna cabaña u hotel de lujo. Al contrario, fue una semana demasiado salvaje. Siete personas nos internamos en el bosque noruego, con una mochila al hombro, tiendas de campaña, víveres, mapas, utensilios para cocinar y navajas. No crean que yo soy de las chicas que se asustan con esta forma de vacacionar. Ustedes díganme aventura y soy la primera en apuntarme. Estaba brutalmente emocionada con la idea sobrevivir una semana en medio del bosque con mi amorcito. Me imaginaba la noche, el sonido de la naturaleza, el fuego y sus brazos.
Naturalmente, el viaje no fue lo que yo esperaba y sufrí un poco. El clima no nos favoreció. Estaba lloviendo y hacía mucho frío. De tanto caminar con humedad tenía las ingles rosadas. Éramos malísimos para prender fuego y para seguir mapas. La mitad del día estábamos perdidos y la otra mitad corriendo para llegar a un lugar donde descansar. En la noche estaba demasiado cansada para hacer el amor. Además la tienda de uno de los integrantes del grupo se rompió, entonces tenía que compartir guarida con nosotros. Por si fuera poco, en la noche no podía dormir porque todo estaba mojado, nuestro huésped roncaba mucho y yo tiritaba de frío. Para colmo, el buen amigo de mi esposo me sacaba de quicio y todo el tiempo estábamos discutiendo. En situaciones extremas, todos se olvidan de la diplomacia y pierden la compostura. Nuestro humor no era el mejor. En fin, ya se imaginarán que el viaje fue un desastre.
Claro que hubo momentos divertidos, ahora tenemos muchas cosas que contar, todos hicimos las paces y ahora nos reímos del asunto mientras cenamos y tomamos vino. Lo cierto es que nuestra semana en los bosques noruegos fue más bien una probadita de una incomodidad poco piadosa. Ayer por la noche, mientras cenábamos, mi marido me dijo: “Oye, por cierto, se me había olvidado comentarte que en dos semanas vamos a ir a un viaje en bicicleta con Ricardo (el famoso amigo) por Francia. Va a ser igual que la otra vez. Llevaremos comida, tiendas de campaña y dormiremos donde nos agarre la noche. Tenemos que arreglar las bicicletas.”.
A mí se me salieron los ojos. ¿Qué? ¿Por cierto? ¿Se te había olvidado comentarme? ¿Igual que la otra vez? ¿Con Ricardo? Obviamente me recorrió un espinazo de coraje y mi primera reacción fue ponerme como energúmena. Por supuesto que no me ilusionaba ni un poquito volver a ponerme en una situación incómoda, pero lo que más me molestó es que mi marido haya hecho planes, confirmado un viaje y aceptado un plan SIN consultarme primero. Es más, se le había olvidado avisarme. No sé en qué momento asumió que no tenía que preguntarme si yo estaba de acuerdo. Peor tantito, estaba seguro que yo iría sin ninguna queja, diría que sí a todo, por siempre estaría dispuesta a sacrificar mis deseos y mi comodidad por acompañarlo a lo que él tenga ganas de hacer.
Entonces, para mi sorpresa, me di cuenta de algo ligeramente preocupante. Sí, él hizo muy mal en no considerarme y asumir mi postura respecto al asunto, pero también es un poco mi culpa. En cierta manera, yo lo he malacostumbrado. ¿Por qué? Pues porque la mayoría de las veces digo que sí a todo, estoy de acuerdo con sus decisiones, cedo, lo dejo hacer y deshacer y trato de huir del conflicto. Que quede claro que no lo hago por tonta, débil y sumisa, simplemente porque le doy más importancia a otras cosas que a hacer mi santa voluntad en absolutamente todo. Por ejemplo, si yo quiero un tapete azul y él lo quiere verde, lo más probable es que compremos el verde. “Solamente es un maldito tapete”, es lo que pasa por mi mente. Si las cosas no son de vida o muerte para mí, no tengo ningún problema con ceder. Mi marido no está acostumbrado a que yo diga que no o lo contradiga.
Por un lado, esto es bueno porque casi no discutimos, pero por el otro es muy malo porque, sin querer, estoy criando a un tirano. He convertido involuntariamente a mi marido en un dictador autoritario (Ok, estoy exagerando porque todavía estoy un poco molesta de qué sí vamos a ir al viaje jaja). No, ya en serio. Creo que es muy bueno que me haya dado cuenta de esta situación. Ayer hablamos durante horas y le comenté todo esto que les cuento a ustedes. Mi marido, que no es ningún déspota arbitrario, también hizo consciencia. Me pidió disculpas por no considerarme y me prometió que nunca jamás va a volver a suceder. Vamos a ver.
Esta vez no me salí con la mía porque sí vamos a ir al mentado viaje. Sin embargo, salí ganando cosas mucho más valiosas. Primero, detecté una situación peligrosa a tiempo. Tomé cartas en el asunto y lo hablé racionalmente. Segundo, mi marido se dio cuenta también y tomó buena actitud al respecto. Me entendió y juntos lo vamos a resolver. Tercero, con esta concientización estoy segura que evitaremos muchas peleas absurdas en el futuro. Estoy convencida que la clave para superar cualquier conflicto es la buena comunicación. Así, los problemas potenciales nunca logran explotar. Sin embargo, la lección más importante para mí y mi crecimiento personal es que:
– No debo de quedarme callada
– No estoy obligada por ser mujer a ser complaciente y sumisa
– No le debo de tener miedo a decir que no
– Estar en desacuerdo no me hace mala esposa

julio 17, 2012. Etiquetas: , , , . Consejos prácticos. Deja un comentario.

Basta de cuentos

No sé ustedes pero yo estoy harta de los cuentos de hadas. En general, estoy harta de que todos me digan cómo debo vivir mi matrimonio. Desde pequeñas, hemos sido bombardeadas con ideas de cómo nos debemos comportar y qué debemos esperar de  nuestros hombres. Intentar arduamente cumplir con las expectativas nos obliga a mentir y a aparentar. Nos olvidamos de nuestros verdaderos deseos. Dejamos a un lado las necesidades auténticas que tenemos como individuo. Sentimientos oscuros como la frustración se acrecentan y cuando tomemos conciencia de esto puede que sea demasiado tarde.

Yo prefiero que mi marido me diga pocas veces que me veo bonita, pero que cuando lo haga pueda estar segura que es real. Ante todo, valoro la honestidad. Les tengo que confesar que yo no quiero ser una princesa pazguata, inocente y pasiva. No necesito ser rescatada por nadie. Tampoco quiero que mi marido sea un gentil príncipe un tanto amanerado con una sonrisa perfecta y falsa.

Hoy las invito  a que ignoren las convenciones sociales y disfruten la peculiaridad de su relación. Inventen su propia dinámica. Sean los auténticos dueños de su matrimonio sin preocuparse por lo que digan los demás o les inculque la sociedad. Libérense de cualquier estigma. Alejense de los cuentos y acérquense a su realidad. No hay nada más maravilloso, único y divertido que la propia imperfección.

junio 19, 2012. Etiquetas: , , , , , . Consejos prácticos. Deja un comentario.